El bozal: ¿aversivo o ayuda?

El bozal: ¿aversivo o ayuda?

Por Jaime de Uriarte del Cuerpo Canino Terapéutico Lincoln

Hoy traigo otro de esos temas que tanto dan de hablar y lo voy a nombrar de forma clara y concisa: bozales.

En el mundo de la modificación de conducta canina, el uso del bozal como herramienta es una práctica recomendada en determinados casos. Sin embargo, este objeto tan necesario a veces, en numerosas situaciones es criticado, en muchos casos debido a la falta de conocimiento.

Así que, para los que no saben, y para los que saben (y así hacemos memoria), ¿para qué sí y para qué no usar un bozal?

Evidentemente, lo primero que se pide a un propietario de un perro agresivo, es el uso del bozal para poder interactuar con él siempre que sea posible.

Ante todo, la seguridad del educador.

En las primeras sesiones, aquéllas donde el perro que tenemos delante aún es un desconocido “agresor en potencia”, es vital el uso de un bozal, porque no sabemos cómo va a reaccionar.

Queda feo eso de agresor, lo sé. Pero es así, es un perro que ha agredido (y por eso nos han llamado), y en un principio, hay que tratarlo de esta manera, porque de otra, no seremos honestos, e igual incluso erramos en nuestro trabajo, confiando en exceso, primero en un perro que no conocemos, y segundo en nosotros, pensando que como educadores somos todopoderosos.

Llamemos a las cosas como son. Un perro puede ser agresivo y agresor en potencia, por supuesto, sus razones tendrá, habrá que poder evaluarlas, por eso se pone bozal.

¿Cómo vamos a poder iniciar una educación correcta si tenemos que estar alejados o incluso sin el perro delante?

Mientras el perro es agresivo, en muchos casos también puede ser necesario el uso del bozal.

Pongo un ejemplo; perro agresivo con personas. Podemos usar técnicas de gestión y modificación de conducta usando como ejecutor de estas al dueño, de manera que la persona que intervenga sea el dueño (damos por hecho que el perro no le agrede), y de este modo nosotros estamos seguros.

Bueno, podríamos prescindir del bozal…pero realmente también haría falta, al menos en las fases intermedias o finales, en las que el perro esté cerca del estímulo, es decir, de personas.

¿Dejaríamos que un perro que puede agredir, esté cerca de una persona, cuando la gestión de la agresión aún no ha terminado? No.

Nunca, porque también hay que velar por la seguridad del “estímulo”.

Además, asegurarnos de que el perro no va a provocar daños, también nos da seguridad a la hora de continuar con el trabajo, y esa seguridad se transmite al perro.

No hay nada peor para un perro agresivo o con miedo que un dueño que lo sabe y tiene miedo de ello…

bozal

Así que un bozal en una gestión de la agresión y el miedo, es beneficioso antes, durante y, en algunos casos, un tiempo después. Y el uso de este no es criticable ni menosprecia nuestra labor como educador/guía.

En determinados trabajos veterinarios también puede ser necesario. Porque también somos responsable de la seguridad de los veterinarios.

Habrá perros educados para soportar y tolerar manipulaciones e intervenciones veterinarias, pero muchos otros no se han visto en la situación de ponerse una vía, o una operación, o un corte de una uña rota, etc. Podríamos enseñar a todos los perros a ir al veterinario y a tolerar todo tipo de intervención. O no. O quizá no hay tiempo porque la intervención debe ser rápida.

Y como eso un veterinario no tiene por qué saberlo, no es para nada horrible ir preparados con el bozal en la mochila, por si fuese necesario (que no obligado).

Como vemos, hay casos en los que un bozal nos puede ayudar a la hora de evitar desenlaces terribles, tanto para el perro como para los que están a su alrededor.

Todo este tema surge por las críticas que puede recibir un dueño que pasea con su perro con bozal por la calle. El dueño y el perro. El dueño es un mal dueño que no sabe adiestrar a su perro y por eso necesita un bozal para poder pasear con él, coartando su libertad y obligando al pobre animal a llevar un objeto aversivo por la calle. Y el perro seguramente es un ser infernal que sin bozal hubiese acabado con todos los perros del parque porque el dueño es un ser horrible o porque ese perro debería ser sacrificado. Y esto, no es así, el bozal es una herramienta verdaderamente necesaria y eficaz, en buenas manos.

Entonces, ¿por qué tanta polémica? Porque como toda herramienta, hay que saber usarla. He de decir, que no estoy muy a favor de la venta descontrolada de “material de educación canina” a particulares, por la misma razón que no estoy a favor de la venta de cualquier material exclusivo de un profesional de un sector al resto de la población.

No creo que una persona sin formación sea capaz de pasar e interpretar un test psicológico, o de hacerse y evaluar una radiografía, o de extirparse el colon, o de tener en casa un escorpión, o de comprarse un arma, o de muchas otras tantas. Algo así está pasando en el mundo canino.

Se venden clickers, bozales, arneses “para adiestrar”, collares de descargas, correas de ahorque, etc. sin ninguna supervisión, y entonces surgen los problemas. Un bozal no es un juguete, ni es inmediato. No se compra, se ata al hocico, y resuelve todos los males. Ya nos gustaría. Requiere unos conocimientos que no todo el mundo tiene por qué tener.

Bozal

Pero se venden, se compran, y se deforma su finalidad. El perro debe estar antes preparado para ponérselo, y eso requiere de una serie de fases y aprendizajes. Porque si no, el bozal sí que se convierte en un castigo para el perro, y el castigo es una cosa mala, y todo lo que vaya con el castigo no será divertido. Lo más seguro es que empeoremos la salud del perro, la relación con su guía, y la sensación de control del propio guía.

Para terminar, escribo esto porque sí, soy un gran defensor del bozal terapéutico, y sé que aquellas personas que verdaderamente entienden y saben sobre el tema, llevarán un perro con bozal y sabrán las razones, si fuese necesario. Y lo respeto.

Y quienes llevan a un perro con bozal sin supervisión y sin hacer las cosas como deben hacerse, pues habrá que enseñar a utilizarlo, o sencillamente, promover la comunicación con los profesionales. Quién sabe, igual ese perro ni siquiera lo necesita. Pero nunca será un monstruo, ni el perro un demonio.

La finalidad de este artículo no es otro que el reflexionar. Seguramente me he dejado muchas otras razones para las que usar un bozal de manera positiva y didáctica.

¿Se os ocurre alguna?

¡Muchas gracias!

 

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