Enseñando a perros a ser perros, jugando… ¡siendo perros!

Enseñando a perros a ser perros, jugando… ¡siendo perros!

Por Jaime de Uriarte del Cuerpo Canino Terapéutico Lincoln

Una de las dudas más comunes que surgen a muchos “dueños” primerizos cuando tienen su primer perro es: “bueno, yo paso el rato con mi peludo paseando y acariciando… pero ¿qué más hacer con él, que sea beneficioso?”

La respuesta es fácil, clara y concisa: jugar con él, de las mil maneras que existen, ya sea haciendo alguna actividad juntos, mediante un adiestramiento positivo, o directamente con juguetes.

Esto último tiene su truco, y es lo que vamos a intentar aclarar hoy.

Enseñando a perros a ser perros, jugando… ¡siendo perros!

Muchas veces se compara la mente del perro con la de un niño de tres años.

Biológica y cognitivamente, no es del todo cierto (no nos meteremos en el debate ahora), pero comparten la pasión por el juego, y como sus compañeros incondicionales que somos, no deberíamos privarles de ello.

Es más, no hay nada más gratificante para nuestro perro que jugar con nosotros – con nosotros de verdad, como partícipes activos del juego.

Además, el juego nos va a permitir desarrollar infinidad de habilidades del perro, y potenciar otras tantas.

Enseñando a perros a ser perros, jugando… ¡siendo perros!

Desde un enfoque cognitivo, interpretamos la cognición del perro – su mente – formada como una red de nódulos de información interconectados, formando redes: red del sienta, red del tumba, red de la caza, red del concepto coche, red del concepto saludo, etc.

Esos nódulos, que forman la gran red de conocimiento, deben potenciarse y fortalecerse, ¿cómo?, activándolos mediante el uso positivo.

Que un perro tenga una enorme red cognitiva dependerá de la cantidad de habilidades, de conocimientos, en general, de información, que ha utilizado, reforzado, potenciado e interconectado durante su vida.

Como sus amigos que somos, de los cuales encima dependen (lo queramos o no), es nuestra responsabilidad aportar a nuestros peludos de la suficiente estimulación como para poder desarrollar de manera óptima todas sus habilidades, esto es, de darles la opción de poder ser perros del todo.

Enseñando a perros a ser perros, jugando… ¡siendo perros!

Hablando de perros y juegos, en el mercado y el mundo del ocio canino actualmente hay infinidad de juguetes y utensilios para pasar el rato con él.

¿Todos realmente desarrollan capacidades? ¿Los juguetes, de por sí, son buenos para el perro?

Aquí hay polémica.

Por ejemplo, se pasó de la moda de jugar con el perro a buscar la pelota o el palo a todas horas, a mirar a un dueño que juega en el parque con pelota como un personaje anticuado e inculto respecto al comportamiento canino.

Desde mi opinión, no tanto importa el qué, sino el cómo. ¿Puedo jugar con mi perro a la pelota, o le volveré loco?

Pues depende del juego y su finalidad. Los perros tienen una facilidad increíble para volverse unos obsesos si nos ven a los dueños muy implicados con algo y provocamos un reforzamiento demasiado intenso, y ése es el mayor problema de la pelota.

Para explicarlo un poco por encima, la búsqueda de la pelota activa la red de “caza”, de “pelota”, por llamarlo de alguna manera (entre otras redes).

Es una red muy establecida en el perro, podríamos llamarla innata.

Realmente tampoco es una red que haga muchísima falta, por tanto, se desarrolla sola, la tiene ahí, y si la potenciamos demasiado, se nos puede ir de las manos.

Y ahí radica el peligro. Un perro que sólo juega con su dueño a recoger una pelota y traérsela para que se la vuelva a lanzar – ejercicio que hacen todas las tardes en el parque, sin mucha más interacción entre ellos – genera comportamiento obsesivo de: lanza pelota, persigue pelota, caza pelota, da pelota para que lance pelota, y así otra vez.

Es bastante simple y bastante tóxico. Pero, por otro lado, podemos jugar con nuestro amigo a la pelota de manera positiva, proactiva, referencial, e incluso potenciar habilidades.

Se me ocurren mientras escribo algunas tales como autocontrol, habituación a estímulos novedosos, señales de búsqueda, cobro, de procesamiento del contexto… no todo es horrible en el mundo de la pelota.

Pero hay que saber usarla, orientarla a un fin, y participar en el juego de manera responsable.

Enseñando a perros a ser perros, jugando… ¡siendo perros!

Vayamos a los Kong – la panacea, los objetos óptimos para el desarrollo del perro.

Discrepo.

Se venden como juegos interactivos, y lo son.

Los juguetes Kong clásicos, normalmente tienen orificios para introducir comidas, de manera que el perro tiene que buscarse las maneras de conseguir esa comida, ya sea usando las patas, o metiendo la lengua, moviendo objetos con el hocico… Suena bien.

Está bien.

De hecho, son 100% recomendables. Ofrecemos al perro un juguete que le incita a utilizar sus habilidades caninas para obtener el premio, lo que le aporta un papel mucho más activo que cazar la pelota.

Sin embargo, no corramos el riesgo de caer en la creencia de que un Kong no genera obsesión en el perro, o que no requieren de nuestra supervisión.

Por supuesto que sí, también tienen su truco.

Por ejemplo, dar el Kong al perro, siempre en el mismo contexto, por la misma razón, de la misma manera, manteniéndose el dueño al margen sin participar en el juego, puede ser también bastante negativo.

Hay un problema con estos juegos: no son todopoderosos.

Dar un juguete interactivo a un perro para resolver un problema de ansiedad por separación es una herramienta incluida en un protocolo lleno de herramientas para solucionar este trastorno.

Pero no es LA herramienta. No se solventa el problema solo con dejar el Kong al perro antes de salir de casa, y que haga lo que le parezca.

Meto en el saco a todo tipo de juegos interactivos.

Otro ejemplo podría ser un juego de cajones, aquéllos en los que el perro tiene que ir sacando cajones de una estructura para encontrar el premio.

Es tremendamente interactivo, y parece muy beneficioso, si se usa correctamente.

Si dejamos el juguete en el suelo delante del perro, y nos vamos a ver la televisión, estamos dejando a un perro frente a un dilema sin ningún tipo de supervisión ni apoyo, y que quizá no sepa resolver.

Esto va a aumentar los niveles de estrés en el perro, y si no se soluciona, llegar a la terrible indefensión aprendida.

Sería todo lo contrario a promover las habilidades del perro, y, añado, no estamos jugando CON el perro.

Enseñando a perros a ser perros, jugando… ¡siendo perros!

Como conclusión,

no quiero decir que los juguetes sean terribles para el perro y para el dueño, ni que dejemos los juguetes interactivos a un lado y empecemos a volvernos locos con la pelota.

A los perros les gusta jugar, y mucho mejor en compañía de sus seres queridos.

Además, es la mejor manera de aprender, ellos a ser perros, y nosotros a entenderlos y a enseñarlos.

Y en el fondo, les da lo mismo con qué o a qué, si a nosotros nos gusta y participamos.

He visto a dueños y perros jugando con rollos de papel higiénico, y tan contentos. ¿Nocivo? Para nada.

Sólo tenemos que aprender a “jugar con”, y no “dejar jugar al”.

Enseñando a perros a ser perros, jugando… ¡siendo perros!

 

¡Muchas gracias por leernos!

¡Hasta la semana que viene!

1 opinión en “Enseñando a perros a ser perros, jugando… ¡siendo perros!”

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