La historia de…

La historia de Nina

Por Rubén Cano del Cuerpo Canino Terapéutico Lincoln

El destino de Nina nunca fue formar parte de mi familia, y mucho menos aún convertirse en una perra de terapia.

Para contar su historia, primero hay que remitirse a la historia de su predecesora, Neska, pues Nina llegó a nuestras vidas como consecuencia de su trágica pérdida.

La historia de Nina

Era el año 2011 y yo partía hacia una gran aventura: Chile. Me habían concedido una beca de intercambio por un año académico.

Por aquel entonces vivía en casa de mi madre, y creo que comenzó a sentir aquello que llaman el síndrome del nido vacío; estaba muy contenta por mí, pero me decía que la casa se le iba a caer encima cuando me fuera.

Unos días antes de irme, mi padre me llamó y me contó que había encontrado a una perrita vagando por una carretera de Almería.

Estaba preocupado porque no sabía qué hacer con Neska (ya le había puesto nombre), pues ya tenía dos perros y no podía hacerse cargo.

Pensando en mi madre, se me ocurrió que quizá ella podría ayudarle a sentirse menos sola y hacerle compañía. Así pues, se lo comenté y accedió, y un día antes de mi partida, ya estaba con ella.

Todo fue sobre ruedas en los meses siguientes. Neska se adaptaba estupendamente; era sociable, juguetona y curiosa.

Mi madre no me echaba tanto de menos, y yo estaba más a mi aire y más tranquilo. Sin embargo, de repente un día, mi hermana me escribió un mensaje para que me pusiera en contacto con ella de forma urgente.

Le llamé en cuanto pude por Skype y me trasladó la mala noticia: Neska había muerto como consecuencia de un atropello. Mi madre se había marchado de viaje y se la había dejado a una amiga, y un día, sacándola de paseo, se le escapó corriendo hacia unos coches.

El disgusto cuando volvió de su viaje fue tremendo. Mi madre es una persona muy sensible, y se sentía triste y culpable por su pérdida.

Unos días antes de llegar yo a España, aún en pleno periodo de duelo, se marchó al pueblo a recoger a mi abuela para poder venir las dos a recibirme al aeropuerto.

Estando allí, una vecina le comentó que había encontrado dentro de una madriguera, en el campo, a una bodeguera con dos cachorras, todas desnutridas y llenas de garrapatas.

La mujer no podía quedarse con ellas, y a mi madre le dio pena y decidió quedarse con una de las cachorras. Y es aquí donde comienza la historia de Nina.

La historia de Nina La historia de Nina

Aunque ya llevaba unos días con mi madre, mi conexión con ella fue especial desde el primer día; recuerdo como en mi primera noche en casa después de un año fuera, durmió acurrucadita a los pies de mi cama.

Yo tenía sentimientos encontrados, pues recordaba a Neska y para mí era como si estuviera suplantando su lugar, pero era imposible que Nina no me agradase.

Era sociable, simpática, inteligente, curiosa… Y como cualquier cachorro, un terremoto: corría como una loca, saltaba indiscriminadamente sobre la gente (y sobre la mesa de la comida para robar comida), mordisqueaba muebles, paredes, y cualquier cosa que encontrara a su paso.

La historia de Nina

Un par de meses después de mi llegada, ya por octubre de 2012, comencé mi andadura en Lincoln y poco a poco fui aprendiendo algunas nociones de obediencia y adiestramiento que fui poniendo en práctica con Nina.

Aprendía rápido, y en poco tiempo demostró tener un gran potencial como perra de terapia.

Hoy, cinco años después, formamos un gran equipo y es toda una experta veterana del Cuerpo Canino Terapéutico Lincoln.

Su pequeño tamaño, su color blanco, su graciosa forma de caminar, sus brincos, sus lametones en la cara, y, en definitiva, todos los rasgos que la hacen ser como es, despiertan gran simpatía entre los usuarios y se nota.

La historia de Nina

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