La psicología canina #1

La “psicología” canina (primera parte)

Por Peggy Gilbert del Cuerpo Canino Terapéutico Lincoln

¿Se puede hablar de la psicología de los cánidos?

Veamos. La psicología estudia el comportamiento humano, luego no podemos hablar con propiedad de la psicología del perro.

La etología es el estudio del comportamiento animal, pero en su hábitat natural por lo cual tampoco la etología da cuenta del comportamiento de los perros domesticados.

Si a eso añadimos el hecho de que los seres humanos tendemos al antropomorfismo – atribuimos a los perros cualidades y motivaciones humanas y además, proyectamos nuestras propias emociones en los perros, el dilema es aún mayor.

Sin embargo, los perros tienen comportamientos observables y si queremos tener una mayor comprensión de ellos y además, que nuestra convivencia sea grata para ambas partes, vale la pena hacer ciertas reflexiones.

Inteligencia

Sin duda existen las mismas dificultades para medir la inteligencia de un perro como las que hay para medir la inteligencia del ser humano.

Hasta finales del Siglo XX, para hablar de la inteligencia de un ser humano se hablaba de su C.I. (cociente intelectual).

Mediante unos instrumentos de medición se llegaba a un número que se suponía representaba la inteligencia de una persona.

Sobre el año 1994 Daniel Coleman acuñó un nuevo término que iba más allá del C.I. Hablaba de la inteligencia emocional.

Decía que hay otros factores – emocionales y sociales – que van a tener influencia sobre nuestra capacidad intelectual además de lo puramente genético.

Entendemos que algo parecido sucede con los perros.

Hay factores emocionales, sociales y genéticos que tienen efectos sobre la inteligencia de los perros y evidentemente, no todas las razas son iguales.

No nos parece que se pueda determinar la inteligencia de una raza canina en concreto sin tener en cuenta su predisposición genética – en una palabra, su razón de ser biológicamente determinada.

Si pensamos por ejemplo en un border collie cuya función principal es el pastoreo, o en un sabueso que está genéticamente programado para el rastreo, lo que es inteligencia en una raza y en otra no tiene por qué coincidir.

Un perro que va a funcionar como perro-guía para una persona ciega requiere unas aptitudes y cualidades bien distintas a las de, por ejemplo, un San Bernardo, cuya función histórica es la del salvamento de las personas en circunstancias atmosféricas muy adversas.

Por lo tanto, para poder hablar de la inteligencia de los perros,  tenemos que pensar en para qué sirven.

Según Stanley Coren, autor del libro The Intelligence of Dogs, hay tres tipos de inteligencia canina.

  • Inteligencia de adaptación (la capacidad para el aprendizaje y la habilidad para resolver problemas)
  • Inteligencia instintiva
  • Inteligencia de trabajo/obediencia

Las dos primeras son especificaciones individuales para cada perro, mientras que la tercera, la inteligencia de trabajo / obediencia puede ser aplicada a toda una raza.

Este autor, profesor de psicología en la Universidad de British Columbia y adiestrador profesional, ha diseñado tests de inteligencia canina. Ha llevado a cabo un estudio en los Estados Unidos para valorar la inteligencia de 79 razas caninas con los siguientes parámetros:

  • La comprensión de señales nuevas
  • La frecuencia de obediencia ante la primera señal

Sus resultados fueron los siguientes:

En los puestos del 1 al 10,

se encuentran los perros con la inteligencia funcional y de obediencia más alta.

En el primer lugar se sitúa el border collie.

Para la comprensión de señales nuevas hacen falta menos de cinco repeticiones; se observa la capacidad de recordar sin necesidad de practicar las pruebas repetidamente.

Responden ante la primera señal el 95 % de las veces como mínimo.

Tienen una rápida respuesta aunque sea a una cierta distancia.

Aprenden correctamente siendo adiestrados por entrenadores relativamente inexpertos.

border collie

En los puestos del 11 al 26,

califica a los perros como “perros de trabajo excelentes”. El puesto número 11 corresponde al Pembroke Welsh Corgi.

Para la comprensión de señales nuevas, hacen falta de 5 a 15 repeticiones del ejercicio.

Recuerdan con facilidad pero mejoran con la práctica.

Responden ante la primera señal sobre el 85% de las veces; para señales más complejas necesitan más tiempo.

Posiblemente a una cierta distancia del dueño tarden un poco en responder.

Prácticamente todos los entrenadores podrán obtener buenos resultados de ellos.

Pembroke Welsh Corgi

El puesto número 27

corresponde al Yorkshire Terrier en el grupo de perros “con un nivel superior a la media” (puestos 27 al 39).

En este grupo hacen falta de 15 a 25 repeticiones para la comprensión de nuevas señales.

Prácticas adicionales del ejercicio en las primeras fases del aprendizaje lo mejorarán. Una vez aprendida una señal, normalmente la retienen.

Estos perros suelen responder a la primera un 70% de las veces o más.

El comportamiento es parecido a los perros del grupo anterior pero con una cierta inseguridad y demora en la respuesta.

Si el dueño está muy lejos, el perro no reaccionará a la señal.

Un adiestramiento inconsecuente, de baja calidad o con demasiada severidad e impaciencia no logrará buenos resultados.

Yorkshire Terrier

Los puestos del 40 al 54,

corresponden a la puntuación media de “inteligencia funcional y obediencia”.

Para la comprensión de señales nuevas hacen falta de 25 a 40 repeticiones; las prácticas adicionales les ayudarán en la fase inicial del aprendizaje.

Si no repiten los ejercicios con frecuencia, recordarán las señales con dificultad.

Responden a la primera un 50% de las veces y la efectividad depende mucho de las horas de práctica y repetición de los ejercicios.

La rapidez de respuesta es más lenta.

A mayor distancia la respuesta del perro será menos consistente y predecible.

Necesitan de un adiestrador experto con mucha paciencia.

En el puesto número 40 está el Bedlington Terrier.

Bedlington Terrier

El grupo de los puestos del 55 al 69,

presenta un nivel mínimo de inteligencia funcional.

Necesitan de 40 a 80 repeticiones para obtener un rendimiento aceptable. (A veces, hasta unas 25 repeticiones no muestran signos de comprensión).

Necesitan muchas repeticiones para mantener un nivel aceptable.

Responderán ante la primera señal un 30% de las veces.

Trabajan mejor si el dueño está cerca de ellos.

Estos perros parecen distraídos la mayor parte del tiempo y sólo responden cuando les apetece.

Si la distancia entre el perro y el dueño es grande no habrá respuesta.

No son razas convenientes para dueños primerizos.

Un entrenador con mucha experiencia, tiempo, firmeza y cariño puede lograr un buen rendimiento de ellos.

En el último grupo de los puestos del 70 al 79,

se encuentran las razas con inteligencia funcional y obediencia más baja para el trabajo / obediencia.

En el aprendizaje inicial necesitan unas 30 ó 40 repeticiones para mostrar síntomas de entendimiento a la señal.

Es frecuente que sean necesarias unas 100 repeticiones de un ejercicio antes de dar un resultado fiable.

Su respuesta es lenta y desigual.

Finalizado el aprendizaje se han de hacer repeticiones frecuentes.

Si no, los resultados serán imperceptibles como si jamás hubieran aprendido ningún ejercicio.

La reacción ante la primera señal es de menos del 25% de las veces.

A veces dan la espalda a sus dueños, ignorando sus señales o desafiando su autoridad.

La respuesta a las señales suele ser insegura y lenta, a veces a disgusto.

Pueden frustrar a más de un adiestrador medianamente experimentado y hacer dudar de sus aptitudes a uno de los más especializados.

En el puesto número 70 se encuentra el Shih Tzu.

Shih Tzu

Si tenemos en cuenta que hay más de 400 razas caninas, la muestra del Dr. Coren no representa ni siquiera el 20% de las razas.

Si a eso añadimos los perros mestizos, la muestra queda aún menos representativa.

Sin embargo, sí nos puede proporcionar una visión de las grandes diferencias de unas razas a otras.

Continuará…

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