Cómo surgen las intervenciones asistidas con perros

¿Cómo surgen las intervenciones asistidas con perros? Apuntes sobre la historia de la terapia asistida con animales, y fundamentaciones teóricas

Por Jaime de Uriarte, del Cuerpo Canino Terapéutico Lincoln

El perro, así como otros animales, llevan siendo compañeros terapéuticos en las intervenciones con pacientes aquejados de algún malestar desde hace mucho tiempo.

Un poco de historia

Aunque se careciese de datos que demostrasen sus beneficios, los griegos ya admitían que dar paseos a caballo y estar en contacto con éstos, pese a no curar las enfermedades, ayudaba a los pacientes a sobrellevar su malestar.

John Locke, filósofo y médico inglés, considerado como uno de los más influyentes pensadores del Siglo de las Luces, en 1669, defiende que la relación con animales tiene una función socializadora (aunque no indague en las razones).

Reisenger, en 1730, comienza a enseñar a perros para que ayuden a pacientes con movilidad reducida (algo parecido a los inicios en entrenamiento de perro de asistencia).

Sigmund Freud, considerado uno de los padres del psicoanálisis (1856-1937) afirma llevar a cabo muchas de sus sesiones acompañado con su perro, Jofi. En una carta que escribe a unos de sus ex pacientes, se puede leer:

(…) y consigues explicar los motivos de que se pueda querer a un animal como Jofi con tanta intensidad; se trata de un afecto sin ambivalencia, de la simplicidad de una vida liberada de los casi insoportables conflictos de la cultura, de la belleza de una existencia completa en sí misma.

Y, sin embargo, a pesar de todas las divergencias en cuanto a desarrollo orgánico, el sentimiento de una afinidad íntima, de una solidaridad indiscutible. A menudo, cuando acaricio a Jofi, me he sorprendido tarareando una melodía que pese a mi mal oído, reconocí como el aria de Don Juan.”

FREUD WITH DOG

En 1792, William Tuke, (creador del tratamiento moral), comenta que los animales pueden aportar grandes mejoras en los sujetos, entre ellas, enseñarles autocontrol mediante el refuerzo positivo imperante en la época, tras haberlo observado en los pacientes del Retreat de York, donde abogaba por un sistema de tratamiento menos agresivo e imitante.

Florence Nightingale, uno de los personajes más relevantes de la enfermería moderna (1859), escribe:

Un pequeño animal de compañía, es a menudo, una excelente terapia contra la enfermedad, y especialmente para las enfermedades hospitalarias de larga duración. Un pájaro en su jaula, es a menudo, el único placer para una persona que está inválida durante años en la misma habitación. Poder alimentarle y limpiarle él sólo, le ayuda a recobrar la autoestima y le anima a hacer otras cosas.

En 1945, en el Hospital para Convalecientes de la Fuerza Aérea del Ejército de Pawling, en EEUU, se introducen los animales para ayudar a los pacientes a acelerar su mejoría.

militares

Sería en 1962 cuando el psiquiatra infantil, Boris L. Levinson, publicase el primer trabajo sobre los efectos de la terapia con animales, titulado “The dog as a co-therapist”, a raíz de una experiencia positiva que vivió con uno de sus pacientes, un niño con autismo que no interactuaba con ninguna forma de vida salvo esporádicamente su madre, hasta la aparición de su perro en la consulta.

A partir de esta publicación, los estudios sobre este tema comienzan a expandirse

Destaca el programa realizado por Samuel y Elizabeth Corson en un hospital para evaluar los efectos de la Terapia asistida con animales, donde tomaron a 50 pacientes que no respondían al tratamiento tradicional como muestra, a los que introdujeron en sesiones acompañadas con animales.

Estos sujetos reportaron una mejora en autoestima, en comunicación, y en implicación en el cuidado de los otros.

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En 1980, E. Friedman, J. Lynch y S. Thomas publicarían “Animales de compañía y supervivencia en pacientes un año después de salir de una unidad de cuidados coronarios”, que cuenta con una muestra de 92 pacientes, donde concluyen que la presencia de animales aumenta la comunicación, la relajación y la vinculación, manteniendo en las personas la esperanza por la vida.

Más ambicioso es el estudio de Anderson y col., en Australia, en 1991, llamado “Propietarios de mascotas y factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares”, donde afirma, tras tomar datos de 6000 pacientes, que aquellos que tenían mascotas, mostraban niveles inferiores de tensión arterial, colesterol y triglicéridos que aquellos que no compartían su vida con compañeros animales (no humanos).

Jennings, en 1997, halló que hombres que no tenían animales ni tenían un contacto constante con ellos, presentaban mayor riesgo de sufrir angina de pecho (en aquella época una enfermedad bastante grave), presentando así una mejor condición de esperanza de vida.

Friedman y Thomas, por su parte, predijeron tasas de sobrevivencia a un año en los propietarios de mascotas para pacientes coronarios. Solo el 5,7% de los propietarios del centro murieron en el año de hospitalización, en comparación con el 28,2% de los no propietarios.

Siegel, en 1999, publicaría un estudio revelador con pacientes con VIH, en el que afirma que aquellos que eran propietarios de mascotas mostraban menores puntuaciones en escalas de depresión.

Varios estudios, como los de Aubrey H. Fine (2005), Cusack (2003) o Lan Robinson (1995), han demostrado que la presencia de un perro disminuye considerablemente el estrés, la hipertensión arterial, la sensación de soledad y ayuda a la persona a socializarse y a mejorar su estado anímico.

En España,

en 1987 se funda Gallina Blanca Purina, que en 2002 pasaría a llamarse Fundación Affinity, pioneros en este país en la implantación y financiación de programas de terapia asistida por animales, dirigidos a personas marginadas por la edad (ancianos), por la delincuencia (centros penitenciarios), por sus capacidades físicas o mentales (niños con autismo, con deficiencia, con discapacidad), o por la enfermedad (sida, pacientes psiquiátricos).

Más adelante, se formaría la Asociación Nacional de Terapias y Actividades Asistidas por animales (ANTA), que busca promover, regular y profesionalizar este tipo de terapia.

La lista es larga, y la conclusión evidente: ¡el perro es el mejor ayudante que existe!

Espero que te haya gustado. ¡hasta el próximo artículo!

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